El venezolano Gustavo Dudamel, superestrella de la música clásica, ficha por la Filarmónica de Nueva York

No hay fichaje más galáctico en el mundo de las orquestas que el que acaba de anunciar la Filarmónica de Nueva York : se lleva a Gustavo Dudamel , el director venezolano que hasta ahora estaba al frente de la Filarmónica de Los Ángeles. Aterrizará en Nueva York en la temporada 2026. Estas ciudades, las más grandes de EE.UU., han rivalizado durante décadas -el rap de la costa este contra el del oeste, Yankees frente a Dodgers, ¿es mejor la pizza neoyorquina o los tacos angelinos?-, también en la escena de la música clásica. En los últimos años, la Filarmónica de Los Ángeles ha vivido su época dorada bajo la batuta de Dudamel, un prodigio que ha seducido a los neófitos de la música y convencido a los guardianes de las esencias. El venezolano fue nombrado para el puesto en 2007, con solo 26 años. Era una apuesta arriesgada de la orquesta californiana, que había inaugurado hacía poco su nueva sala de conciertos, el espectacular Walt Disney Concert Hall, con diseño de Frank Gehry. Y le salió bien: Dudamel no ha parado de crecer y, con él, la filarmónica, convertida en un motor cultural de la ciudad. Noticia Relacionada estandar No Dudamel, en construcción Pep Gorgori El maestro venezolano dirige la Novena de Mahler en el Liceo, en el marco de un intercambio con la Ópera de París A sus 42 años, Dudamel es posiblemente la figura más famosa de la música clásica a nivel mundial. Con sus rizos inconfundibles y su vivacidad con la batuta, tiene una imagen reconocible dentro y fuera de los escenarios. Su fama y su inquietud le ha llevado a pisar terrenos variopintos: la Super Bowl del fútbol americano , cameos en series y películas, colaboraciones con estrellas del pop como Billie Eilish, la dirección de una película de la saga de ‘La Guerra de las Galaxias’ o la grabación de álbumes de la máxima exigencia con las filarmónicas de Berlín y de Viena. Dudamel se lleva ahora su fama, su virtuosismo y su empuje a Nueva York. Es la incorporación soñada para su Filarmónica, que viene de pasar años de crisis que amenazaban su futuro, con dificultades financieras y con una sala de conciertos envejecida. Ahora, ha reabierto el David Geffen Hall tras una inversión de 550 millones de dólares y se ha llevado a la pieza más codiciada del mundo de la música. La clave del fichaje ha sido Deborah Borda, directora ejecutiva de la Filarmónica de Nueva York. Ha cortejado durante meses a Dudamel para que cambiara de costa y se ha impuesto a otras orquestas más poderosas en el mundo. Borda tenía una carta ganadora: ella fue también quien trajo a un Dudamel veinteañero cuando era directora ejecutiva de la Filarmónica de Los Ángeles. « Contemplo con alegría y emoción el mundo que tengo ante mí en la ciudad de Nueva York», dijo Dudamel en un comunicado, en el que también citó una frase atribuida a Federico García Lorca: «Cada paso que damos en la tierra nos lleva a un mundo nuevo». Dudamel se formó como músico en Venezuela, dentro del programa público de música clásica conocido como El Sistema. Ha compaginado su trabajo en Los Ángeles con el de director musical de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar desde 2009 y el la Ópera de París desde 2021. Durante su etapa en California impulsó una orquesta joven basada en El Sistema y no descarta hacer algo similar en Nueva York. La dirección de la filarmónica neoyorquina reunió este martes a los músicos en el escenario del Lincoln Center para comunicar la noticia. «Nuestro próximo director musical será…», dijo Borda con una pausa intencionada. «Gustavo Dudamel», remató el anuncio, recibido por la orquesta con una ovación.

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